Escribir sin saber

Cuando nacemos no sabemos andar. Copiamos de los mayores y poco a poco aprendemos a poner un pie delante del otro, a mantenernos erguidos y a movernos hacia delante.

Cuando nacemos no sabemos hablar. Escuchamos a todos los que nos rodean, empezamos a aprender a utilizar el aparato fonador, a controlarlo. Luego aprendemos palabras y su significado, a ordenarlas en un discurso medio coherente y a expresar lo que queremos decir con mucho más que gritos y golpes de pulmón.

Cuando nacemos no sabemos leer. Nos llevan a la escuela para descubrir los símbolos que hacen de copia en papel de cada sonido que somos capaces de emitir con nuestra propia voz. Después aprendemos su significado cuando están juntos en palabras y por último somos capaces de leer textos completos, entendiendo su significado, a nuestra propia velocidad.

¿Y escribir?

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Excusas para no escribir

Excusas, esto es algo que todos buscamos en algún momento aunque no deberíamos sentirnos orgullosos por ello. Tampoco tenemos que sentirnos mal por hacerlo, es algo natural… contra lo que luchar.

Nos gusta la rutina, porque mientras más ejecutamos una misma acción mejor la realizamos e incluso menos energía consumimos en hacerlo. Nos especializamos, pero la rutina mata al cerebro.

El resto del cuerpo funciona de una manera similar mediante el fenómeno de la homeostasis, por el cual y simplificándolo mucho en un ejemplo, si estamos gordos será difícil volverse delgado, y viceversa, el cuerpo busca estabilidad pare que el mantenimiento del día a día sea lo más sencillo posible. Continuar leyendo “Excusas para no escribir”