Multidimensional (parte V – Nosotros)

MULTIDIMENSIONAL

5 – NOSOTROS

Hasta aquel momento, tan atrás en el tiempo, viajó Ïorgs después de haber obtenido el permiso de sus compañeros; quería arreglar la situación y se presentó pacíficamente delante de Óscar, este se llevó un pequeño susto, pero se estaba ya acostumbrando a que nada fuera normal.

—No tuve la ocasión de darte las gracias —dijo Ïorgs.

—Lo comprendo, estabais bastante ocupados intentando darme caza.

—Es cierto, mis compañeros no han llegado a comprender tu función en esta misión. Llevan mucho tiempo en su posición de poder y se creen los mismísimos profetas cuando únicamente son los ejecutores, torpes muchas veces, de las antiguas escrituras.

—¿Y no has venido a acabar el trabajo?

—No —respondió de manera tajante Ïorgs.

Óscar estaba entrando en un estado de desesperación por todo el conocimiento que ya tenía, que suponía le podría impedir vivir una vida normal, y deseaba escapar de todo aquello, olvidar, y así se lo solicitó a Ïorgs.

—Tenéis mucho poder —dijo Óscar—, y me habéis prestado parte a mi, que no soy nadie. Yo no lo quiero —paró para tomar aire pues se estaba ahogando—. ¿Puedes hacerme olvidar todo?

Aquella pregunta no sonó como tal, sino como una orden camuflada tras una súplica, y mientras que la iba pronunciando se acercaba a Ïorgs, hasta que le cogió las manos y se arrodilló en el suelo. Sus capacidades mentales se estaban degradando rápidamente por la presión y los cambios a los que había sido sometido.

—No, eso es imposible —dijo Ïorgs—. Necesitas permanecer completo.

—¿Completo? Soy de todo menos completo, ¡me habéis arruinado la existencia!

—¡Has salvado el planeta, la existencia! ¿No te das cuenta?

Óscar siguió en el suelo, soltó las manos de Ïorgs y se miró las suyas propias, con sus canales de luz que le iluminaban la mirada. Se quedó absorto, deseando que nada de aquello fuera real.

Ïorgs cogió entonces el brazo sin fuerza de Óscar, lo obligó a levantarse de donde estaba tirado en el suelo, y viajaron al tiempo de Ïorgs, como espectadores. Óscar temía que al final sí acabarían con él, aquel posible futuro no le importaba lo más mínimo: «Mejor así que recordar» pensó cuando supuso que su final estaba al llegar.

—Observa, este es mi tiempo, el año 23151. Ahí te puedes ver a ti mismo, iluminándote por primera vez.

Todo se volvió entonces difuso a su alrededor, borrones de luz y oscuridad pasaron a sus lados hasta que todo se frenó en seco trayendo de nuevo una imagen nítida, en el mismo lugar. En el púlpito solo estaban dos seres, los que eran conocidos como Alïg y Ëlg. Se podía apreciar en la escena que Alïg era nuevo en el puesto de cabecilla del grupo, pues no tenía el aplomo que había demostrado en su primer encuentro.

Ïorgs estaba frente a ellos, arrodillado. En el suelo una mancha líquida de luz recorría su camino, cubriéndolo hasta la coronilla. Después una pequeña explosión descubrió al nuevo Ïorgs; acababa de ser nombrado miembro de los tres, el menor de ellos. Era 23140.

—No llevas mucho teniendo tanto poder —observó Óscar.

—Unos años, aunque he sido instruido desde el nacimiento, pero ese no es el punto de traerte aquí, de hacer este camino inverso. Parar aquí ha sido únicamente culpa de mi nostalgia, lo siento.

Volvieron a navegar contra corriente en el tiempo, deteniéndose varios milenios atrás. Óscar reconoció el lugar en el que estaban, pero algo no cuadraba, faltaba algo, una masa enorme y cubierta de agua, que el llamaba Tierra, había desaparecido. Su lugar lo ocupaban restos del planeta. La Luna, llena de escombros, se mantenía vigilando el lugar donde en el pasado había estado su compañera.

Entre enormes bloques de masa inerte, Óscar pudo ver un fulgor, miles de focos sobre lo que podría ser llamado un asteroide del tamaño de Australia. Se acercaron y vieron una enorme cúpula en el centro del cascote, de decenas de kilómetros de diámetro. La atravesaron y vieron dentro algo parecido a una civilización, seres de luz, como el propio Ïorgs; parecían estar llevando a cabo una excavación.

—¡Aquí! ¡He encontrado algo! —dijo uno de aquellos seres.

—Acaba de encontrar nuestras sagradas escrituras, el plan que llevamos siguiendo once milenios, y que nunca nos ha fallado —dijo Ïorgs con solemnidad.

—Tu compañero no pensaría eso —dijo Óscar sabiendo que su misión, según ellos, había fracasado.

—Bueno, viajemos más al pasado y veamos.

Llegaron al año 8148, en un recinto de mármol blanco, decenas de seres de luz en pie, al rededor de tres de ellos. Todos ataviados con pulcros uniformes y con las dos manos luminosas en alto.

—Prometemos garantizar la continuidad del espacio-tiempo, con nuestras vidas si fuera el caso. Siempre —dijeron todos a la vez.

—Aquí se creó nuestra organización. Es un buen momento en el que hacer turismo temporal, nos llena de nostalgia y agradecimiento a esos hombres —dijo Ïorgs mientras dejaba que una repentina emanación de luz saliera de su cuerpo—, pero viajemos un poco más atrás, al 8143.

—¿Qué pasó en ese año?

—El primer viaje temporal de un humano, un experimento que llevaban buscando completar con éxito durante décadas, siglos incluso.

—¿Desde que en 7200 todos los humanos se hicieron híbridos de base? —preguntó de manera resabiada Óscar, que recordaba lo que le habían enseñado al transformarle.

—Sí, quizá desde mucho antes. Posiblemente desde que en el 6215 se realizó la primera fusión carbono-silicio por un humano. Ese dato solo lo tenemos unos cuantos; de los tres, únicamente yo. Hay momentos bloqueados en el tiempo y que solo pueden ser visitados por seres elegidos, forman parte de la historia inalterable.

Siguieron viajando atrás en el tiempo, viendo escenas agradables y otras no tanto, llegaron al 5712.

—Sé que ya has visto la Tierra desaparecer, pero las siguientes imágenes, el siguiente momento, es mucho más duro, estás preparado para ello. No es algo en lo que se adiestre a todos los seres por su dureza. Sólo unos pocos conocemos esta realidad —dijo seriamente Ïorgs.

—Supongo que no me puedo romper mucho más —respondió Óscar.

Estaban en la Luna, mirando el planeta Tierra y cómo franjas de lava y fuertes erupciones azotaban la superficie. El planeta se estaba despedazando ante sus ojos y Óscar no pudo reprimir un llanto.

—Esto no se puede solucionar. Ha sido por causas físicas del planeta, no se puede hacer nada —consoló Ïorgs a Óscar.

—¿Por qué me muestras esto? ¿Cuántos seres han desaparecido? Puedo notar el hedor a muerte desde aquí.

—El mínimo posible, se sabía de la destrucción del planeta desde siglos atrás y se comenzó la emancipación del planeta, el éxodo, hace más de tres milenios. ¿Quieres ver cómo salió la primera nave colonizadora?

Óscar miraba a Ïorgs con los ojos muy abiertos, arrasados por las lágrimas y cambiaron de nuevo de tiempo, viendo como una nave, poblada por más de quince mil humanos, aparte de fauna y vegetación autóctona suficiente como para no pasar apuros en el planeta de destino, salía a velocidad sublumínica desde una estación espacial en órbita sincrónica con la Tierra.

—En esa nave iban mis antepasados —dijo Ïorgs.

Óscar cayó lentamente en la cuenta de aquellas palabras.

—Sois… nosotros.

—En el futuro.

—Y… ¿por qué queréis cambiar vuestro pasado?

—Es complicado de explicar, y prácticamente nadie comprende el funcionamiento, pero era necesario que hicieras lo que hiciste para que todo se mantuviera igual. Sé que nuestra acción en el futuro con tu pasado, para poder mantener todo igual es difícil de explicar, pero así es contada en las sagradas escrituras.

»El tiempo no es una corriente de agua que circula en un único sentido desde las montañas al mar, sé que solo estoy intentando simplificar lo que te digo; piensa en el tiempo como en una molécula de agua, que si se evapora asciende, que si se enfría desciende, que puede formar parte de un río que avanza hacia el mar, y que dentro del mismo, o de los océanos, puede trazar diversos cursos según las corrientes dominantes.

»Ni Alïg ni Ëlg saben nada de esto, pero era necesario que todo ocurriera de esta manera para que yo pudiera tener esta conversación contigo.

Ïorgs sacó entonces un disco metálico de un bolsillo oculto de su túnica y se lo entregó a Óscar.

—¿Este es el disco que hemos visto sacar de aquella excavación en el futuro? —preguntó Óscar.

—Sí. Léelo.

—¿Cómo?

—Ponlo sobre tu mano, y concéntrate en tu luz. Luego piensa que recorres la superficie del disco como si estuvieras caminando por una enorme biblioteca. Tienes dentro de ti la tecnología necesaria para hacerlo —dijo Ïorgs afianzando la confianza de Óscar para poder leer aquel disco.

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