Multidimensional (parte IV – Cambio)

MULTIDIMENSIONAL

4 – CAMBIO

Con el chip en el bolsillo de su pantalón, pensando que nada había cambiado, Óscar vio la retornada realidad donde instantes atrás solo existía la nada. Aquello le produjo alegría, parecía haber cumplido su misión, pero también tristeza, pues tarde o temprano aquel mundo cambiaría a peor de un modo u otro mientras que los humanos en sí no cambiaran.

Desde su parcela en la Luna, Óscar observó meditabundo hasta que se sintió con las fuerzas necesarias para volver a su planeta natal, notaba algo diferente pero no sabía qué era, el pelo se le erizó de repente al sentir una ola de energía emanante de la misma tierra que le sumergió en un profundo estado de paz.

—¿Habrá cambiado algo allí abajo? —se preguntó a sí mismo.

Las prisas le cubrieron y en un santiamén se transportó a la Tierra del 2041. Notó cómo el magnetismo de la tierra emitía una vibración diferente, cómo los mismos seres habían cambiado en su generación energética, aunque no en su aspecto. Sobrevoló ciudades y las reconoció más verdes de lo que eran en su pasado, incluso instantes antes de que el mundo desapareciese. Respiró aire puro, incluso sobre las más grandes ciudades, recorrió valles, montañas, ríos, y mares y sintió fluir la vida. Quiso saber cómo se encontraría su viejo barrio.

Llegó y se frenó en seco en el parque en el que de niño jugaba a las chapas, lo que antiguamente era un solar de arena con algunos setos aquí o allá se había cambiado por una frondosa pradera de verde césped donde los niños corrían y saltaban junto a animales domesticados y sin domesticar.

—¿Es eso una ardilla? —dijo en voz alta sin darse cuenta.

—Pues claro, un león no es —respondió un chiquillo que pasaba a su lado.

Desorientado por aquello, Óscar salió del parque y se dirigió a su pequeño piso que sabía que aún mantenía, había hecho los arreglos necesarios para mantenerlo en propiedad cuando le dieron aquellos poderes. Tenía que cruzar una calle ancha, con varios carriles en cada sentido para los coches, pero lo que encontró fue muy diferente: dos carriles anchos y de suelo naranja y gomoso por el que circulaban bicicletas y patinetes, dos más en los extremos donde lo hacían personas a pie, y ni un solo vehículo motorizado a la vista. Cruzó y llegó a su portal, al que entró directamente, subió las escaleras y llegó a su puerta, que estaba abierta y que no mostraba signos de haber tenido nunca una cerradura en ella.

Óscar entró asustado, pensaba que quizá le hubieran robado.

—¿Hola? —preguntó al cruzar el umbral.

Antes de esperar ninguna respuesta pudo comprobar que allí nada había cambiado, el mismo suelo, el mismo sofá, el televisor no estaba; donde debía estar una fina pantalla de cristal verde se mantenía anclada a la pared.

—Hola —se oyó responder desde lo que era su habitación—. No te asustes, sé que es tu primera vez aquí.

Un Óscar diez años mayor apareció en el salón, se acercó a su cuerpo más joven y se abrazó a sí mismo. Óscar sintió en aquel momento todo el afecto y el cariño del mundo.

—Has salvado el planeta, quédate con eso.

—¿Pero…

Óscar se quedó con la pregunta en los labios cuando un mareo le sobrevino, sus manos comenzaron a brillar y perdió completamente el conocimiento.

Cuando abrió los ojos y pudo recuperar el control de su cuerpo se vio de nuevo ante los tres seres de luz, que con rostros agrios le miraban desde sus púlpitos.

—No has sido capaz de completar satisfactoriamente tu misión —dijo Alïg.

—El mundo no ha sido destruido, ha cambiado.

—Eso no es lo que te solicitamos —contestó Ëlg.

—Pero ha mejorado —se defendió Óscar.

—¿Quién te pidió que mejorase? Nadie. Debías dejarlo todo como estaba. Debías mantener la linea temporal con el único cambio de la no destrucción del planeta. Estaba escrito que así sería, pero has fallado a la predicción, a la primera de ellas que se hizo —continuó con la reprimenda Alïg.

—¿Escrito? —preguntó Óscar.

Ïorgs permanecía callado, observando y sabiendo lo que ocurriría a continuación, disminuyó su nivel de energía, prestándosela a Óscar para que este pudiera huir, por un tiempo al menos.

—En las viejas escrituras, que han pasado por milenios de historia hasta nuestros días, y que han resultado, siempre, ser correctas. Hasta que te has visto involucrado en ellas. Eres un error, y como tal deberás ser eliminado del flujo.

Óscar vio a los tres levantar sus manos hacia él, y notó salir de sus dedos rayos de energía que llegaron a su cuerpo dejándole prácticamente sin respiración. También sintió que solo dos de ellos le atacaban mientras que el tercero le defendía del ataque. Entonces se concentró en lo que había aprendido y consiguió acumular la energía necesaria como para crear un escudo temporal alrededor suyo y huyó de allí, notando a sus perseguidores detrás aun fuera del flujo mismo. Sin saber cómo, fue más allá en el futuro y se encontró tumbado en una pequeña cala frente a un lago de agua transparente que reflejaba la cálida luz del Sol, y que le hizo recuperar algo sus fuerzas.

Dándolo por perdido temporalmente, los tres seres de luz se reunieron, y discutieron el curso de acción posterior. Siempre se habían guiado por los antiguos escritos, y muy pocas veces habían demostrado iniciativa propia; la situación era nueva para ellos.

—No teníamos que haber hacho nada —dijo Ëlg cuando ya se habían serenado—. Hemos seguido una de las primeras escrituras, las que menos claras están y las que más variables contienen.

—Poco importa eso ahora: lo hecho, hecho está —respondió Alïg—. Pero no podemos dejarlo ir, no debe haber más seres multidimensionales que nosotros. Debemos encontrarlo.

—Nosotros no hemos cambiado —dijo el tercero, Ïorgs—, con lo cual la predicción y lo ocurrido después ha sido tal y como debía.

Los tres se quedaron pensativos, con sus fluctuantes luminiscencias dejando claro que estaban muy lejos de allí, calculando hipotéticos futuros y cursos de acción, revisando el pasado por si era aquello verdad, que nada había cambiado para ellos.

—Aún así, debemos capturarle —dijo Alïg al fin, estableciendo que no podían dejar cabos sueltos por si algo más cambiaba.

—Yo me encargaré —respondió Ïorgs, que ya había trazado un plan.

Mientras tanto, Óscar pensaba qué hacer. Quería volver a su tiempo, a su vida normal, a despertarse en su cama, prepararse un buen desayuno y continuar con su trabajo y su vida. No sabía si aquello sería posible, pero lo hizo.

Intentó regresar al instante en el que todo había empezado, pero no fue capaz, sólo pudo ir segundos después, a las 08:08 de aquel día de Noviembre del año 2031.

—¿No puedo ir más atrás? —se preguntó—. ¿No puedo cambiar mi pasado para que nada de esto haya ocurrido?

Volvió a intentarlo, pero con cada esfuerzo quedaba más debilitado, y finalmente lo dio por imposible. Se hizo entonces un desayuno frugal y se sentó en su sofá, frente al televisor, sintiéndose agotado por lo ocurrido y desesperado por no saber que podría ocurrir después. Todo era tan extraño.

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