Jurado popular

Jurado popular

Venid nietos, que hoy toca una historia de terror, con las que tanto os divertís pese a las pesadillas que os generan. La historia que os voy a contar ocurrió hace unas décadas, en los albores de las redes sociales, cuando compartir cultura era una moda, mucho antes de que la industria cortara de raíz las ansias que teníamos algunos de crear cosas, por el simple hecho de crearlas y compartirlas.

Por aquellos años eran habituales los concursos para noveles. De cualquier tipo: pintura, fotografía, escritura, etc. Yo no era especialmente bueno en ninguna de esas artes, pero aun así me gustaba participar. Compartir ideas mejor o peor desarrolladas hacía que me sintiera bien, más allá de poder conseguir premios, respeto o reconocimiento.

Esta historia en concreto nos sitúa en la primera década del siglo XXI. El concurso era de escritura del género de terror, lo cual hizo que muchas gentes de mente enferma o demasiado imaginativa y cruel presentaran sus relatos. El vencedor del concurso se fallaría por votación popular y los propios escritores del concurso decidirían quien sería el ganador, lo cual dotaba de cierto valor al mejor relato del concurso.

Pero pronto se empezaron a ver en él votaciones y comentarios demasiado agresivos o crueles, que en cierto modo venían a socavar el estado de ánimo de los escritores, que sólo querían compartir sus escritos con otra gente, y que veían como algunos les ridiculizaban por su manera de escribir.

Uno de los escritores, que no era especialmente un ángel, y que le gustaba demasiado el género, se vio demasiado importunado con los comentarios que le regalaron en su relato. Cabe decir que este escritor, cuyo nick creo recordar que era JasOFF, no era de los que aguantaban bien que se metieran con él.

Por ello, se dedicó durante unas semanas a localizar en el mundo real a los personajes que le habían escrito comentarios demasiado hirientes, no sólo con él, sino con el resto de escritores. Seleccionándolos también por seguir cierto patrón a la hora de dejar comentarios. Dos fueron los elegidos.

Todo ello lo logró gracias a sus conocimientos informáticos, profesión a la que dedicaba gran parte de su tiempo, la red no tenía secretos para él.

Primero de todo encontró a estronciodebario. Este personaje atacaba al resto de escritores con la coletilla de que sus textos estaban formados por un lenguaje muy simple, básico.

Una vez localizado, con todos sus datos; nombre, dirección, teléfonos y diversas cuentas en la red, simplemente fue a su casa.

Esta persona, este primer elegido, vivía solo en un pequeño apartamento de una ciudad a unas dos horas en coche, en un bloque de pisos con muros robustos, de los que se construían antes con ladrillos macizos y buenos enfoscados. Nuestro protagonista entró en su casa y esperó hasta que su primera víctima apareciera después de salir del trabajo. Resultaba que era cajero de una sucursal de banco.

El apartamento, como he dicho antes, era pequeño. Las paredes, pintadas en un blanco sucio con un gotelé gastado, no tenían más adornos en ellas que algunas estanterías semidescolgadas y repletas de libros. Se notaba cómo la casa carecía de una presencia femenina, ya que el futuro interfecto, ya entrado en su quinta decena de años, vivía sólo y su huella en la red demostraba que había sido así durante la mayoría de su vida. La casa podría decirse que era bastante espartana.

En el dormitorio, donde JasOFF estaba esperando, sólo había una cama, una mesilla, un armario empotrado con ropas muy similares entre sí en su interior, y una silla de madera, bastante incómoda para estar sentado en ella durante largo rato, con algo de ropa en el respaldo.

Cuando estronciodebario entró en la casa fue directo al dormitorio, sin dar la luz tiró el abrigo encima de la cama, y luego pulsó el interruptor que encendería la luz. Se asustó bastante al encontrar a una persona de pie enfrente de él. Pero poco tiempo tuvo para pedir ayuda, puesto que antes de que las pupilas se adaptaran a la recién iluminada estancia recibió un golpe en el cuello, que lo tiró al suelo semiinconsciente.

JasOFF lo colocó en la cama, atado por pies y manos y con la espalda apoyada en el cabecero, para que pudiera tener una buena perspectiva de lo que iba a ocurrir a continuación. Y esperó pacientemente a que recuperara la consciencia.

—¿Qué está pasando aquí?

—Hola Miguel, veo que ya estás despierto. Toma, bebe algo de agua y termina de recuperarte.

—¿Quién eres? ¿Qué quieres?

—Soy JasOFF, creo que te sonará ese nombre, puesto que me pusiste unos comentarios bastante hirientes hace no mucho en cierto foro.

—Sí, recuerdo tu nombre, no quise hacerte daño, lo siento, es sólo un foro, déjame libre y lo borraré todo.

—No es eso lo que quiero. Lo que quiero es darte una lección. No has sido tan duro sólo conmigo, eres así por norma. ¿Sabes?, conozco a la gente como tú, te he estado vigilando por un tiempo, tanto en la vida real como en la virtual. Parece que te diviertes echando por tierra las ilusiones de los demás. Y en el caso que nos trae a este momento, bueno, no has sido muy justo.

—¡Cambiaré!, lo prometo, pero suéltame, no volveré a ser así.

—Cada uno es como es, la naturaleza de cada ser humano es una cosa complicada de cambiar. Tú eres de esos que, ante una lectura nueva, se corre de gusto cuando se encuentra de frente con palabras que tiene que buscar en el diccionario al no comprender su significado. También eres de los que tira por tierra buenas ideas sólo porque están desarrolladas de una manera sencilla y comprensible.

—¡Lo siento!, libérame, ¡SOCORRO! ¡AYUDA!

—En el fondo eres de los que no comprende tampoco, que los personajes hablan como deben, dependiendo de su estrato social, su profesión, la cultura que recibieron, etc. Cada personaje tiene una historia detrás. No puedes pretender, por ejemplo, que un cura hable igual que un delincuente, o que un chico de barrio hable igual que un príncipe. El lenguaje de cada uno es distinto, tanto en palabras como en expresiones.

—Vale, ya lo he comprendido, déjame ir ahora, no volveré a menospreciar a nadie, ¡lo juro!

—No te voy a dejar ir todavía, aun queda parte de la lección. ¿Dime que es esto? —dijo JasOFF mientras sacaba un cuchillo de su funda protectora.

—Es un cuchillo.

—Eso está claro, es un cuchillo, ¿pero de qué tipo? Defínelo.

—No se, es un cuchillo, largo, con filo, empuñadura de madera. ¿Qué más se puede decir de un cuchillo?

—Me decepcionas, creía que ibas a ser algo más conciso dada tu afición a los lenguajes elaborados. »¿Qué pasa ahora? ¿No es tan fácil rebuscar palabras para definir cosas? ¿Dónde te has dejado el diccionario? Espera, creo que lo he visto antes en una estantería desvencijada del salón.

JasOFF cogió un tomo de diccionario que no pesaría menos de dos kilos y lo utilizó para dar un fuerte golpe con su borde justo encima de la rótula derecha de su cautivo. Este gritó de dolor. Cuando dejó de gritar JasOFF continuó.

—Bien. Para que lo sepas durante el resto de tu vida, que no se exactamente cuanto va a durar, este es un cuchillo trinchador. Ahora se me ocurren unos cuantos tipos de cuchillo aparte de este: jamonero, salmonero, de verduras, pelador, puntilla, de deshuesar, panero, santoku, etc.

—¿Qué vas a hacer con ese cuchillo?

—Calla y aprende un poco. Este cuchillo me gusta especialmente. Es delgado, con hoja estable, con un filo liso, penetra bien en la carne y hace cortes bastante limpios. Esto último te lo voy a demostrar.

Estronciodebario intentó preguntar de nuevo, pero antes de que la palabra «¿Cómo?» tuviera la posibilidad de salir de su garganta, un grito atropellado se le adelantó por la misma, al ver sorprendido como había recibido un profundo corte justo debajo de la axila izquierda.

La sangre, densa y roja, empezó a salir a alta velocidad, impregnando todo lo que había en rededor.

—¿Qué has hecho? ¡Me has matado!

—Todavía no, pero si no te tapono eso en unos segundos sí que es posible que mueras desangrado, o deshumorado, si entendemos por humor, el líquido rojizo que está dejando tu cuerpo apremiantemente.

—Ayúdame, por favor —pidió estronciodebario, Miguel, con un hilillo de voz.

—Lo voy a hacer.

Al pronunciar esta última frase, JasOFF apuñalo definitivamente en la carótida. Evitando más sufrimiento a su incauto prisionero, y mandándole directamente a la oscuridad.

Así había consumado JasOFF la primera de sus venganzas aleccionantes, pero no sería la última.

A las dos semanas de aquello JasOFF decidió que había llegado el momento de terminar su plan y fue a buscar a su siguiente víctima.

Esta persona, con el nick nataauril, vivía algo apartada de la sociedad, en una casona en el monte. Era una mujer de mediana edad y que según había investigado JasOFF se dedicaba exclusivamente a la escritura y a cuidar de su pequeño huerto. Vivía sola, y no había rastros de humanidad en unos 10 kilómetros a la redonda. El juego planeado para esta ocasión iba a ser mucho más cruel puesto que no existía un peligro real de ser descubierto y quedarse a medias.

JasOFF se acercó andando por la parte trasera de la casa, entró en esta ya que la puerta de la cocina estaba abierta y buscó en silencio hasta que vio cómo su presa subía cargada con una caja del sótano.

—Hola Natalia.

Natalia, nataauril, dio un grito y dejó caer la carga que llevaba en sus brazos, intentó correr pero JasOFF tardó poco en apresarla.

—Perdona, no me he presentado, soy JasOFF, supongo que recordaras ese nombre del foro en el que escritores noveles dejan sus relatos. Sobre todo porque sueles poner comentarios bastante duros. He comprobado que pese a ser sitios para gente sin experiencia tu sigues presentando historias a concursos, aun siendo una escritora con varios títulos publicados —dijo JasOFF mientras que llevaba a nataauril al salón y la ataba y precintaba de pecho para abajo a una silla, dejando libres sus brazos.

—No he hecho nada malo, ¡suéltame!, ¡fuera de mi casa!

—Tienes razón, no has hecho nada malo, pero has sido mezquina con unas cuantas personas de carne y hueso escondiéndote detrás de un nick. Eso no es buena manera de vivir la vida. Y encima intentas despreciarlos diciéndoles que son noveles, cuando está claro que la mayoría lo son, y que de eso se trata en ese tipo de sitios. Por ello, te voy a poner una prueba, si la superas te liberaré y me iré de aquí sin tocarte un pelo. Si no…

JasOFF sacó del bolsillo interior de su chaqueta dos barajas de cartas de marfil a estrenar. Abrió la primera y se puso a hacer un castillo de naipes. En menos de 5 minutos lo había completado sin que cayera ninguna carta.

—Bien, por lo callada que has estado supongo que habrás prestado atención y habrás descubierto la razón por la que te he dejado libres los brazos. Ahora haz lo mismo que yo con esta baraja —dijo mientras que le daba el mazo de naipes aun sellado—. Pero ten cuidado, cada vez que se te caiga el castillo vas a tener un castigo.

Natalia abrió el mazo y con dedos temblorosos empezó a construir el primer nivel del castillo, antes de terminarlo se le derribó.

Inmisericorde, JasOFF sacó una pequeña cizalla de otro de sus bolsillos y cortó el dedo meñique de la mano izquierda a su cautiva. Natalia gritó al ver como parte de su cuerpo se separaba de ella, dejando entre medias un reguerillo de sangre.

—De momento te he quitado el menos útil de tus dedos. Ahora continúa, e intenta hacerlo bien esta vez.

Continuó. Pero el dolor, los temblores y los naipes, en principio de un blanco impoluto ahora manchados de sangre y que resbalaban entre sus restantes dedos, no ayudaban. Así, poco a poco fue perdiendo dedos uno a uno hasta que sólo le quedaron los pulgares y los índices de ambas manos.

—No puedo más, déjame ir ya, no diré nada, no me cortes más —suplicó nataauril mareada por la tensión y la pérdida de sangre.

—Te queda un último intento, si lo consigues me iré, si no, perderás el resto de dedos, tu vida, y el resto de libros que te quedan por escribir jamás existirán.

Con paciencia y cuidado extremo, nataauril, fue levantando el castillo, pero cuando no le quedaban más de 4 cartas para terminar este se derrumbó.

—Has desaprovechado esta última oportunidad, me ha sorprendido porque casi lo consigues, pero siento decírtelo, eres novel en el arte de crear castillos de naipes.

Sin dilación, JasOFF cortó los dedos que aun permanecían intactos y esperó quieto mientras que nataauril terminaba de desangrarse.

Y así termina la historia, ¿habéis comprendido la moraleja?

—Supongo que será que no hay que ser cruel con la gente por que pueden ser aun más crueles contigo —respondió uno de los nietos de más edad.

Sí, por ahí van los tiros. Venga, ahora a dormir que ya es tarde.

—Abuelo Jasón, ¿lo conocías? —preguntó otro nieto.

—Abuelo, otra cosa ¿cuál era tu nick? —preguntó el más pequeño de todos.

Dedo Cortado

relato presentado al ‘I Concurso de Relato Corto de Terror’ de ZonaeReader.com en el año 2012

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